“Fidel entre nosotros” (III Parte)

ASALTO A LOS CUARTELES MONCADA Y CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES

El cuartel Guillermón Moncada, en el año 1953 era la sede del regimiento número 1 de la «Antonio Maceo» en la ciudad de Santiago de Cuba, capital de la provincia de Oriente. Por su importancia, el Moncada era la segunda fortaleza militar del país, ocupada por unos mil hombres. Con el fin de asaltar simultáneamente los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes (Bayamo), un centenar de miembros del Movimiento, bajo el mando de Fidel y Abel Santamaría entrenaban clandestinamente.

Las armas, los uniformes y los recursos necesarios para la lucha se obtuvieron sin recurrir a la ayuda de personas acaudaladas ni de políticos corrompidos. Su adquisición fue posible fundamentalmente por la voluntad y el sacrificio personal de los propios combatientes.

La táctica ideada consistía en llegar armados y disfrazados de sargentos y una vez dentro apelar al patriotismo de los soldados y animarlos al levantamiento contra el gobierno. Cuando todos estuvieron listos, se le dio lectura al «Manifiesto del Moncada», redactado por el joven poeta Raúl Gómez García bajo la orientación de Fidel. Gómez García leyó sus versos «Ya estamos en combate» y Fidel les dirigió esta brevísima exhortación:

Compañeros: podrán vencer dentro de unas horas o ser vencidos; pero de todas maneras, ¡óiganlo bien, compañeros!, de todas maneras el movimiento triunfará. Si vencemos mañana, se hará más pronto lo que aspiró Martí. Si ocurriera lo contrario, el gesto servirá de ejemplo al pueblo de Cuba, a tomar la bandera y seguir adelante. El pueblo nos respaldará en Oriente y en toda la isla. ¡Jóvenes del Centenario del Apóstol! Como en el 68 y en el 95, aquí en Oriente damos el primer grito de ¡libertad o muerte! Ya conocen ustedes los objetivos del plan. Sin duda alguna es peligroso y todo el que salga conmigo de aquí esta noche debe hacerlo por su absoluta voluntad. Aún están a tiempo para decidirse. De todos modos, algunos tendrán que quedarse por falta de armas. Los que estén determinados a ir, den un paso al frente. La consigna es no matar sino por última necesidad.

A las cuatro de la madrugada 16 automóviles salieron hacia Santiago, averiándose uno de ellos por el camino y separándose dos más del convoy principal. Los grupos dirigidos por Abel y Raúl cumplieron su objetivo: la toma del Hospital Civil y la Audiencia. El grupo principal, dirigido por Fidel, llegó según lo previsto hasta una de las postas, la No. 3, la desarmó y traspuso la garita, pero una patrulla de recorrido que llegó inesperadamente, y un sargento que apareció de improviso por una calle lateral, provocaron un tiroteo prematuro que alertó a la tropa y permitió que se movilizara rápidamente el campamento. La sorpresa, factor decisivo del éxito, no se había logrado. La lucha se entabló fuera del cuartel y se prolongó en un combate de posiciones. Ante la imposibilidad de la victoria Fidel ordenó la retirada. Al mismo tiempo que esto ocurría en Santiago, 28 revolucionarios asaltaban al cuartel de Bayamo, operación que también fracasó.

Fidel, junto a otros 19 supervivientes, intenta llegar hasta la Gran Piedra para continuar la lucha. Después de una larga marcha para evadir numerosos retenes militares y operativos de rastreo, son sorprendidos en un varentierra por una patrulla batistiana al mando del segundo teniente Pedro Sarría Tartabull. Aunque la orden que tenían era la de matar a los prisioneros sospechosos de haber participado en el asalto, Sarría les respeta la vida a los jóvenes gritando a sus subordinados: No disparen, las ideas no se matan.

Al conocer la identidad y responsabilidad de Fidel, se encarga de llevarlo personalmente hasta prisión, evitando de esta manera que fuera asesinado o desaparecido.

LA HISTORIA ME ABSOLVERÁ

El 21 de septiembre un total de 122 acusados, entre los que se encontraba Fidel, fueron llevados a juicio en el Palacio de Justicia de Santiago de Cuba. Actuando como su propio defensor, convenció a los jueces de hacer caso omiso a la decisión del ejército de mantener a todos los acusados esposados ante el tribunal. Rebatió allí mismo la acusación de la fiscalía que los acusaba de promover un alzamiento contra los Poderes Constitucionales del Estado, asegurando que su rebelión era contra el poder usurpado por Batista ilegítimamente.

Las acusaciones posteriores de las torturas y asesinatos cometidos por los esbirros motivaron una declaración de los jueces que expresaba la necesidad de realizar una investigación exhautiva sobre los crímenes. Fidel fue sacado del juicio para intentar acallar sus denuncias y juzgarlo en solitario. El proceso continuó hasta el 5 de octubre, siendo sentenciados 55 revolucionarios a condenas que oscilaban entre los siete meses y los 13 años.

Fidel fue juzgado en solitario el 16 de octubre y una vez más se convirtió en su propio abogado, pasando de acusado, a acusador. Su alegato fue conocido como La historia me absolverá, y en él se esbozaba el programa de la futura Revolución en Cuba. En esa ocasión señaló:

“Ningún arma, ninguna fuerza es capaz de vencer a un pueblo que se decide a luchar por sus derechos. Ejemplos históricos pasados y presentes son incontables. Está bien reciente el caso de Bolivia, donde los mineros, con car­tuchos de dinamita, derrotaron y aplastaron a los regimientos del ejército regular”

Un año sin tí, pero contigo”

Colectivo de trabajadores, Joven Club Cruces 2.

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